nihil alienum

la carta al futuro presidente de Enrique Dans & Co y la opinión de Didac Gutiérrez-Peris

dandan | 03 Marzo, 2008 23:36 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net technorati.com

Este finde hablábamos con Pablo y David de la crisis que parece que se nos viene encima, y yo les decía que lo que más me preocupa no es tanto la crisis (aunque también, pero vendrá, morderá y probablemente se irá por donde ha venido) sino la falta de reflejos de los políticos, las empresas y la sociedad española en general sobre los cambios que está suponiendo la revolución digital que estamos viendo crecer día a día. La crisis será coyuntural (eso espero), pero el otro tema es estructural. No reaccionamos.

Y hoy he leido la carta abierta al futuro presidente que han escrito Enrique Dans, Juan Freire, Antoni Gutierrez-Rubí y Genís Roca, y que han publicado en sus respectivos blogs. Estoy al 100x100 de acuerdo en lo que dicen, y se me ocurren un montón de comentarios al caso, pero ya lo comentaré otro día, porque prefiero copiar aquí el post que leí hace unos días de Didac Gutiérrez-Peris en la misma línea (y esto se haría muy largo). Copio aquí las dos cosas, y sacar vuestras propias conclusiones. Yo creo que estamos viviendo una revolución a muchos niveles y todavía hay mucha gente que no se entera.

La carta al futuro presidente:

"Ya somos muchos los que compartimos la inquietud por la desconexión existente entre nuestras elites y la actual sociedad red. La mayoría de los organismos públicos y privados relevantes para la definición del medio y largo plazo colectivo están presididos por personas atrapadas en una dinámica cortoplacista cuya gestión se basa en una agenda que no contempla demasiados de los temas que realmente nos preocupan. Fruto de esta inquietud, el pasado 7 de enero nos reunimos en Madrid Enrique Dans, Juan Freire, Antoni Gutierrez-Rubí y Genís Roca, y decidimos escribir colectivamente esta carta abierta que hoy compartimos, dirigida a quien quiera que sea el próximo Presidente:


Carta abierta al futuro Presidente

Nos dirigimos a ti directamente. Queremos compartir contigo nuestras reflexiones y preocupaciones en un momento decisivo. Ahora, hoy, estamos mucho más cerca del año 2020 que de los grandes hitos de las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la Capitalidad Cultural de Madrid de aquel inolvidable 1992. Pero vemos que en muchas de las dinámicas de gestión y análisis de los asuntos públicos en España, seguimos anclados en modelos obsoletos de dirección y organización.

La inercia y el desconocimiento conforman un enorme factor de resistencia al cambio. Las decisiones que presidentes y consejeros delegados vais a tomar en el corto plazo nos pueden enviar al furgón de cola de la economía del conocimiento si no toman en consideración la profundidad de la revolución que significa la sociedad en red. La realidad reducida es sólo lo que se ve o se conoce, pero hay una realidad aumentada fruto de la conexión de los ciudadanos y ya no se puede gobernar ignorando el caudal de energía y progreso de lo emergente.

Los cambios en los que estamos inmersos son tan acelerados, e impregnan de tal manera nuestra vida, que convierten rápidamente en caducos lo que se pretende que sean planes de futuro. Hace 10 años no existía Google, hace 8 no había blogs, hace 7 no se enviaban sms, hace 4 no existían YouTube ni Facebook, y hace uno no sabíamos lo que era Twitter. ¿Te das cuenta? Si alguien cree que la sociedad de la información cabe en un Ministerio, o que tiene que ver sólo con las infraestructuras de telecomunicaciones, es que no ha comprendido todavía la naturaleza de los cambios.

No se trata de cuántos tenemos un ordenador, ni de si eres tú o alguien de tu equipo quien contesta los correos electrónicos. Se trata de cambios en los modelos jerárquicos, relacionales, organizativos y sociales. Es una revolución sin precedentes, esta vez digital, que está sucediendo aquí y ahora. Han cambiado los mecanismos de creación de conocimiento y de generación de riqueza y valor, y la red los está distribuyendo de manera universal. En tres años vamos a multiplicar por dos la información disponible en el mundo, y a ponerla además al alcance de todos.

Queremos hablar contigo, Presidente, porque la prospectiva que se hace - creemos - es errónea: el mundo ha cambiado, pero todavía no lo han hecho los modelos de gestión. Y hay cambios de fondo, cargas de profundidad que reinventan los conceptos de identidad, comunidad, organización, frontera, propiedad o participación. Los territorios ya son redes, y los ciudadanos nodos que se socializan en la red, y con sus conversaciones digitales han convertido los mercados en algo transparente y global. Hay un nuevo modelo social en ciernes, ya visible en la red, que nos va a impactar de manera real.

Cambia la manera de dirigir, cambia la manera de influir, cambia la manera de liderar. Es necesario aprender, Presidente. Y para ello, es necesario escuchar. Ya no sirve la política que cree que los problemas se resuelven por el mero hecho de asignarles un presupuesto. Innovación, creatividad, emprendeduría& son ejes que se resuelven mejor con una actitud que únicamente con un cheque, una rebaja o una imprescindible infraestructura.

La situación en España es que las instituciones públicas y las organizaciones privadas relevantes para la definición del medio y largo plazo de la comunidad están casi completamente al margen de la sociedad red, y no tienen en su agenda los temas verdaderamente relevantes para diseñar nuestro futuro. Y lo que es peor, sus dirigentes confunden su responsabilidad con la simple subcontratación de servicios.

No queremos hablar de tecnología o de Internet, queremos hablar de los nuevos liderazgos y talentos de la sociedad en red. Nos preocupa el modelo de gestión con el que vas a decidir nuestro futuro: de cómo te informas, cómo escuchas, cómo aprendes. Manejar estadísticas o participar en un debate, aunque sea en la red no es suficiente para tomar decisiones acertadas. Tus ciudadanos ven cada vez menos televisión, crean cada vez más contenidos, son cada vez más globales, están cada vez más conectados y se sienten cada vez menos circunscritos a un territorio. Escúchales. En la red, se puede.

Queremos debatir sobre la neutralidad de las infraestructuras más que de su titularidad. Queremos dialogar sobre el concepto que tienes de la propiedad intelectual, más que sobre un determinado canon. Y cuestionar cómo usas el software libre si en él vas a utilizar datos a los que no tendremos acceso.

Queremos discutir sobre las reglas de juego que están definiendo el futuro. De una manera directa y franca".

El post de Didac Gutiérrez-Peris:

"La semana pasada en un acto en el Instituto de Ciencias Políticas de París sobre la ratificación del Tratado de Lisboa un conferenciante se atrevió a formular la siguiente hipótesis en un anfiteatro lleno de jóvenes universitarios: "Esta generación está perdiendo progresivamente la pasión por la política, ya no votan, se distancian de los partidos que luego gobernarán los Estados de la Unión Europea. Es preocupante". La sala retumbó en un murmuro de reprobación. Sin embargo no es el único que lo piensa.

Después de cada proceso electoral se repite (o se plantea discretamente en círculos privados) esa misma idea, la de una nueva generación de jóvenes "apolíticos". Sin embargo miro a mí alrededor y no puedo dejar de preguntarme si ponemos el acento donde toca, si el desfase al que asistimos no es múltiple, si la despolitización de los jóvenes no se debe también en parte a una concepción un tanto anacrónica de hacer política.

Nuestra generación está marcada por las nuevas tecnologías, por las redes sociales virtuales y digitales. Por un mayor interés en el intercambio creciente de información. Los nuevos "líderes" juveniles se proyectan gracias a Internet y el número de amigos que ostentan en su Facebook. Una socialización más basada en lo emocional y lo cultural está dejando atrás la ideología. Ya nada es inamovible, ni para siempre. Ya nada es inalterable o dogmático.

La cultura de la inmediatez (y por lo tanto del cambio continuo) está calando hondo en los jóvenes y también en su manera de entender la política. Los sistemas de participación sin embargo siguen siendo casi exactamente los mismos que hace veinte años y la forma de entender el poder y de ejercerlo también. Por ejemplo, en el último debate sobre la Nación en España en el mes de julio de 2007, la palabra "Internet" sólo se pronunció una vez por un total de 30.230 palabras diferentes empleadas, según el diario de sesiones. No creo que ningún joven pueda sentirse representado en un debate así.

El otro día estaba cenando con un grupo de amigos y salió el tema del voto por correo para las próximas elecciones en marzo. Algunos decían que era incomprensible que para algunas cosas avanzáramos tan rápido en la integración europea y para otras estuviéramos todavía en casposos procedimientos consulares en todo lo concerniente a los aspectos de representación política, que encima que no les gustaba ningún candidato debían averiguar los horarios del consulado, agrupar una serie de documentos que debían presentar además del DNI y que debían hacerlo un mes antes. Uno de ellos espetó: "¿Además para que voy a votar si al final todos persiguen sus propios intereses y tengo la impresión que no tienen ni idea de cómo soy?".

No es un comentario puntual. Muchos jóvenes piensan lo mismo. Son jóvenes que muestran un malestar profundo y creciente con una manera de hacer política que sigue anclada en viejos modelos erráticos de poder y que privilegia a menudo las lógicas jerárquicas de partido a las ideas y liderazgos naturales. Son jóvenes endeudados por las hipotecas (hace escasos dos días, en la edición del 30 de enero, La Vanguardia publicaba que la mitad de ellos serían pobres si se emancipasen) y que en el fondo su grado de indiferencia y desconfianza hacia la política les empuja a creer que "da igual quién gobierne". No me cabe la menor duda que existe una relación entre el aumento del nivel de endeudamiento de los más jóvenes y el sentimiento generalizado de desconfianza e indiferencia hacia la política. Incluso del aumento de la abstención.

Y lo curioso es que la desafección no es hacía la política en sí, sino hacía la forma de la política actual. En un período histórico relativamente estable los jóvenes nos identificamos cada vez más con causas que recorren transversalmente las líneas de los partidos políticos, como podría ser el caso del desafío climático o la construcción de la Unión Europea. Jóvenes que seguimos siendo socialmente activos y políticamente comprometidos, pero que ejercemos dichas actividades cada vez más a través de los nuevos medios de comunicación y utilizando un nuevo lenguaje.

El problema no es una supuesta falta de compromiso político. El problema es que exista una dicotomía entre las necesidades e intereses del sector más joven de la población y la oferta política al respecto. Y no es un tema menor porque cuando el aburrimiento, el desprecio por lo político, la desconfianza y la indiferencia pasan del cabreo o enojo al miedo, entonces el terreno se convierte en pasto propicio para los demagogos y extremistas".

Aquí os lo dejo. A ver si otro día cojo marcha y comento el fracaso de los sucesivos planes tecnológicos, el ejemplo que supone Finlandia de hacer las cosas bien, y el problema de mentalidad al que apunta la carta abierta. No se puede gestionar esta revolución con una mentalidad ilustrada (de la Ilustración). Va bien para otras cosas, pero no para ésta, que ahora mismo es fundamental. Bueno, lo dejo aquí, que sí, que ya me estaba embalando.

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