dandan | 13 Diciembre, 2007 00:07 |

Esta mañana he tropezado, de rebote, con una web curiosa, "Tales of old Shanghai", y llevo todo el día siguiendo pistas chinas. Un festival. Ya lo he dicho alguna otra vez, pero para mi el Shanghai de los años 20 y 30 es una ciudad mítica a partir de las historias que contaba Gia Fu Feng (por cierto, el artículo de la wikipedia en el que colaboré cuando empezaba se ha convertido en una estupenda biografía), igual que el Buenos Aires de los años 40 a partir de las historias que explicaba mi padre, que era marino y tocaba puerto por allí a menudo. Ciudades míticas/mitologías personales.
De las historias de Gia Fu sobre Shanghai me acuerdo sobre todo de una anécdota: su padre, que era banquero, siempre viajaba en el coche al lado del chófer, como si fuera el guardaespaldas, y el guardaespaldas viajaba en el asiento de atrás, como si fuera el banquero. Esta anécdota me dió en su momento una imagen del ambientillo en la ciudad, y en esta web de historias del viejo Shanghai hay un montón de información que lo confirma. Por cierto, también he encontrado información sobre las actividades comerciales del padre de Gia Fu que, además de ser uno de los fundadores del Banco de China, tenía una empresa de fabricación de harina de trigo, "Fu Feng Mills" (con maquinaria comprada en Milwaukee), con la que competía ventajosamente (y estaba en relación con) las importaciones norteamericanas. Quizá uno de los motivos por los que envió a estudiar a Gia Fu a Estados Unidos.
Es curioso, porque entre toda esta información sobre los orígenes y el desarrollo de Shanghai, hay un tema que siempre reaparece. el cruce de influencias locales y extranjeras. La influencia extranjera en China, desde los jesuitas a la guerra del opio, no dan la impresión de que hayan afectado mucho a un país que ha mantenido su propia cultura desde hace milenios, pero el caso de Shanghai es un poco diferente. En un artículo de enero de 1935 de la revista "Fortune" (que aparece en "Tales of old Shanghai") se explica el crecimiento del núcleo original de la ciudad (75.000 habitantes en 1843) por dos factores interrelacionados: el permiso para el establecimiento de una colonia de comerciantes extranjeros (con sus propias medidas de seguridad), como consecuencia de la derrota en la guerra del opio y del tratado de Nanjing, y la revuelta de los Taiping, que duró catorce años (1850-1864), conquistó Nanjing, puso en jaque a la dinastía manchú de los Qing y provocó un aluvión de refugiados hacia Shanghai, que estaba defendido por tropas extranjeras. Y la ciudad creció.
Bueno, igual en esta versión habría que descontar el punto de vista occidental, y consultar historiadores chinos (difícil por el idioma), pero hay otro dato en donde reaparece el cruce de influencias: el líder de la rebelión de los Taiping, Hong Xiuquan, era un converso al cristianismo que se creía hermano menor de Cristo (por sus visiones) y que aspiraba a crear un reino teocrático de hermandad entre los hombres que incluía la socialización de la tierra y la supresión del comercio privado. Es curioso, porque esta primera revolución de influencia occidental fue recuperada históricamente cuando triunfó la segunda revolución de influencia occidental, la revolución comunista.
Pero bueno, voy a volver sobre el Shanghai de los años 30. En "Tales of old Shanghai" hay un fragmento del libro que escribieron W.H.Auden y Christopher Isherwood, de su visita a Shanghai en 1939, ya bajo control de los japoneses, "Journey to a war", que explica muy bien el ambiente que encontraron:
Nevertheless the tired or lustful business man will find here everything to gratify his desires. You can buy an electric razor, or a French dinner, or a well-cut suit. You can dance at the Tower Restaurant on the roof of the Cathay Hotel, and gossip with Freddy Kaufmann, its charming manager, about the European aristocracy or pre-Hitler Berlin. You can attend race-meetings, baseball games, football matches. You can see the latest American films. If you want girls, or boys, you can have them, at all prices, in the bath-houses and the brothels. If you want opium you can smoke it in the best company, served on a tray, like afternoon tea. Good wine is difficult to obtain in this climate, but there is enough whisky and gin to float a fleet of battleships. The jeweller and the antique-dealer await your orders, and their charges will make you imagine yourself back on Fifth Avenue or in Bond Street. Finally, if you ever repent, there are churches and chapels of all denominations.
Dolce vita, incluso bajo la ocupación japonesa (aunque ya no duró mucho). Me ha hecho gracia este viaje de Auden e Isherwood a China, que no conocía (leí la autobiografía de Isherwood, pero solo llega a 1938), porque a principios de los 80 Stephen Spender (un amigo de ambos) y David Hockney hicieron también un viaje a China, entonces completamente comunista, y escribieron un libro sobre el viaje, "China Diary", que tiene, además de muchas anécdotas, unas cuantas acuarelas geniales de Hockney sobre temas chinos.
Pero bueno (hoy es que me disparo con cualquier cosa), otro de los testimonios interesantes que he encontrado en "Tales of old Shanghai" es el de John Gunther, un periodista norteamericano que escribió "Inside Asia" en 1939, y en donde habla del racismo de los Shanghighlanders, los europeos instalados en Shanghai:
In Shanghai one finds most flamboyantly and conspicuously the westerner who hates the Chinese. He has done the Chinese an injury, that is, sucked wealth out of him; for this he cannot forgive China. In a Shanghai park was the famous sign, NO DOGS OR CHINESE ALLOWED. Some years ago an American newspaper man entertained no less a Chinese than H. H. Kung (now the prime minister!) in his office. The landlord would not allow Dr. Kung to enter the elevator reserved for whites; the American newspaper man protested; as a result the paper moved. Quite recently a British diplomat, a polo player, got into serious social difficulties because he invited a Chinese (the mayor of Shanghai!), to witness a polo match on the club grounds. With my own ears I have heard a high consular officer say to his secretary, in the presence of a well-dressed young Chinese, "Throw that damned Chink out." Many rich foreigners in Shanghai hope that the Japanese will win the war, not the Chinese.
Ya acabo, ya acabo!, hay muchos otros temas interesantes que he leído en "Tales of old Shanghai": el poder de la mafia china (las tríadas) en connivencia con los europeos y el gobierno nacionalista, la llegada masiva de refugiados rusos después de la revolución de octubre y su impacto en el mercado de la prostitución, la llegada posterior de refugiados judíos. Shanghai, puerto de llegada. Pues acabo con un dibujo de Sapajou, un dibujante ruso, ex-oficial del ejercito blanco, que publicaba en los periódicos de Shanghai de aquella época.

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