dandan | 08 Julio, 2007 21:20 |

Ahora voy a poner otro capítulo de un libro (me estoy aficionando a los posts largos). El libro se llama "El poder de las redes" y es un libro que tiene David de Ugarte "en construcción" desde hace algún tiempo. Le ví hace poco dando una charla en el Ateneu de Barcelona (tengo un post sobre aquel día por ahí abajo), y he vuelto a leer el libro, que me había bajado hace unos meses. Pongo el capítulo que habla de los blogs.
De la pluriarquía a la blogsfera
En toda estructura descentralizada aparece necesariamente la jerarquía. Cuanto más
arriba estemos en la pirámide informacional, menos dependeremos de otros para
recibir la información y más posibilidades de transmitirla tendremos. La visión de un
suceso dada por una noticia de agencia de prensa mundial llegará al último rincón del
planeta mientras que la de la prensa local --siquiera sea la del mismo lugar-- apenas
cruzará las fronteras más cercanas... así sean opuestas y la local esté mejor
fundamentada. Las declaraciones del secretario general de un partido llegarán a todos
sus miembros a través de los canales internos, pero las del secretario de un pueblo no
saldrán de los límites de su ayuntamiento.
La capacidad para transmitir es la capacidad para unir voluntades, para convocar,
para actuar. La capacidad para transmitir es una condición previa a la acción política.
Y en toda estructura descentralizada está concentrada, en realidad, en unos pocos
nodos.
En las redes distribuidas, por definición, nadie depende de nadie en exclusiva para
poder alcanzar a otro cualquiera con su mensaje. No hay filtros únicos. En ambos
tipos de red "todo conecta con todo", pero en las distribuidas la diferencia está en que
un emisor cualquiera no tiene que pasar necesariamente y siempre por los mismos
para poder llegar a otros. El periódico local no tiene que convencer de su punto de
vista al periodista de la agencia encargado de su zona y el secretario del partido de
turno en un pueblo no tiene que convencer a toda la ristra de secretarios comarcales,
provinciales y regionales para poder llegar a sus compañeros en otros lugares.
Entonces, ¿las redes distribuidas no tienen formas políticas de organización? No, lo
que pasa es que estamos tan hechos a vivir en redes de poder descentralizadas que
confundimos la organización de la representación con la organización de la acción
colectiva. La perversión de la descentralización ha llegado a tal punto que
"democracia" se ha hecho sinónimo de elección de representantes, es decir de nodos
filtro.
Lo que define a una red distribuida es, como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist,
que
"todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y
de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores".
En este sentido toda red distribuida es una red de iguales, aunque haya nodos más
conectados que otros. Pero lo importante es que en un sistema así la toma de
decisiones no es binaria. No es "sí" o "no". Es "en mayor o menor medida".
Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las
simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Este sistema se llama
pluriarquía y, según los mismos autores,
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"hace imposible mantener la noción fundamental de democracia, donde la
mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de
opinión".
Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara en contra de una
proposición, no podría evitar su realización. La democracia en este sentido es un
sistema de escasez: la colectividad tiene que elegir entre una cosa y otra, entre un
filtro y otro, entre un representante y otro.
Con un sistema pluriárquico es comprensible por qué en las redes no existe
"dirección" en el sentido tradicional, pero también por qué inevitablemente surgen en
su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos
de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas.
No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente
acaben siendo tomados, desde fuera, por la representación del conjunto de la red o
cuando menos como la materialización de la identidad que les define. Estos grupos
son los netócratas de cada red, sus líderes en un cierto sentido, pues no pueden tomar
decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores
que aglutinan la red o parte de ella, a la hora de proponer acciones comunes.
¿Qué pasa cuando una estructura distribuida se enfrenta a una descentralizada? Pues
que la descentralizada lleva las de ganar en capacidad de movilización y rapidez de
reflejos. Ejemplos no faltan en los últimos años de gobernantes que han pensado que
bastaría con controlar los filtros tradicionales (prensa y TV) para condicionar a los
ciudadanos asegurándose de que sólo les llegaría la información conveniente. El
trasfondo de las nuevas redes informacionales distribuidas les opondría sin embargo a
miles de ciudadanos en las calles. En algunos casos (Filipinas, España...) les llevaron
a abandonar el poder. Pero lo importante no es tanto el resultado como el fondo que
sintomatizaron.
Se han llenado miles de páginas sólo intentando entender en qué se basaban las
cadenas de SMS, el poder del "boca a boca" electrónico, pero en realidad eso es sólo
la punta del iceberg. La verdad es que estas ciberturbas habrían sido impensables sin
el nacimiento de un nuevo medio de comunicación distribuido.
Cuando Himanen escribió La ética del hacker su modelo estaba en las comunidades
de desarrollo de software libre. Unos años después la misma lógica de la información
distribuida ha llegado al terreno de la información general y construcción de opinión
pública. La clave: las bitácoras (blogs).
Los blogs son sistemas personales, automáticos y sencillos de publicación que al
extenderse han permitido el nacimiento del primer gran medio de comunicación
distribuido de la historia: la blogsfera, un entorno informativo en el que se
reproducen los presupuestos, las condiciones y los resultados del mundo pluriárquico.
Los bloggers representan lo contrario del periodista. Como los hackers de Himanen,
rara vez se especializan, escriben igual sobre los avatares de su vida personal que
sobre temas de actualidad internacional o local. El autor es a veces fuente directa,
muchas veces analista de otros bloggers y fuentes y casi siempre seleccionador de
terceras fuentes para sus lectores. En los blogs la vida personal del autor no se separa
de la información general y la opinión. Y esa no separación entre vida, trabajo e ideas
es una traducción directa de la ética hacker, una negación práctica de la división del
trabajo propia de las redes jerárquicas descentralizadas.
El incentivo del blogger además es el prestigio, el número de lectores, el de enlaces y
citas publicadas por otros bloggers como él. La blogsfera es un medio casi totalmente
desmonetarizado. El sistema de incentivos que lo sostiene es similar al del software
libre; es un entorno pluriárquico basado en el prestigio que evidentemente generará
netocracias más o menos volátiles para cada subred identitaria.
En conjunto, la blogsfera tiende a eliminar la separación emisor/receptor (es una red
distribuida donde todos pueden publicar) característica de los medios de los modelos
centralizado (ensayado en los países que sufrieron regímenes totalitarios como
España) y descentralizado (modelo mediático anglosajón democrático).
Su potencia reside en que desaparece de hecho la capacidad de filtro: eliminar o
filtrar a un nodo o un conjunto de nodos no frenará el acceso a la información. Al
contrario del sistema informativo descentralizado nacido del telégrafo, es imposible
"cortar puentes" y controlar la información que llega a los nodos finales mediante el
control de unos cuantos emisores.
Resumiendo, la gran red global de bitácoras (la "blogsfera") representa el primer
medio global de comunicación distribuida y reproduce todas las categorías de la
"ética hacker".
Respecto a la figura del blogger, los viejos medios de comunicación le tacharán de
"intruso" o aficionado sin credibilidad, igual que las grandes firmas de software
privativo tachaban de amateurs a los desarrolladores de software libre (antes de
adaptar la mayoría de ellas, con la vieja IBM, Sun y Novell a la cabeza, sus modelos
de negocio a los nuevos sistemas de propiedad copyleft).
Y es que el blogger es la continuación en la esfera informativa del hacker (el
bricoleur). Un "antiprofesional". Alguien irreducible a las viejas categorías gremiales
nacidas de la estructura descentralizada que colgaba de los grandes nodos del poder
mediático. La idea del ejercicio del periodismo como actividad, como una habilidad
específica que precisaba de unos conocimientos propios y que nace con la industria
de la información no es ninguna novedad. Pulitzer vaticinaba en 1904 que, antes de
que terminara el siglo XX, las escuelas de periodismo serían aceptadas como
instituciones de enseñanza superior, a semejanza de las facultades de Derecho o
Medicina...
Cuando Pulitzer, un tycoon de la comunicación, dice esto está precisamente
expresando las necesidades del entonces naciente sistema informativo
descentralizado en contraposición a la estructura local y dispersa de los pioneros del
periodismo americano.
Pulitzer piensa desde un modelo empresarial industrial en el que le hacen falta
trabajadores especializados en redactar noticias al modo en que hacen falta ingenieros
para diseñar sistemas de amortiguación. Por eso pide al sistema educativo que se los
forme. Se acababa el tiempo de los Mark Twain, de los periodistas que eran al tiempo
activistas, como el inolvidable director de periódico local en El hombre que mató a
Liberty Valance.
La información del siglo XX sigue el patrón estructural descentralizado de las redes
de telecomunicaciones sobre las que se asentaba. La información sería un producto
comercializado en exclusiva por los ciudadanos Kane y los estados. Eran los tiempos
del Ford T y el taylorismo, se acababa el viejo concepto del profesional: ahora
profesional equivale sólo a especialización con conocimientos técnicos o
humanísticos superiores. Se olvida la idea de la profesión como hecho político-moral
(de profesar) para igualarse a gremio cualificado.
Es la lógica del periódico como fábrica de noticias, como mediación informativa
insustituible y necesaria. Genera sus propios mitos: el periodista no es ya un activista,
sino un técnico, un mediador necesario que protagoniza la libertad de expresión y
garantiza el derecho colectivo a la información ("El público tiene derecho a saber").
Mitos que encubren una realidad, el sistema informativo industrial. Un sistema
descentralizado clásico en el que para poder emitir opiniones o visiones de la realidad
es necesario contar con un capital equivalente al requerido para montar una fábrica,
del mismo modo que para editar un disco o publicar un libro hacen faltan todavía una
discográfica o una editorial respectivamente.
En el modelo del ecosistema informativo descentralizado, los medios son (¿eran?) los
cancerberos de la información, la cual extraían unos profesionales llamados
periodistas, de la misma realidad, dándole su primera forma textual: la noticia. Los
periódicos eran pues el resultado de una actividad profesional especializada que se
aderezaba con la opinión de una serie de firmas, valiosas por su posición en el árbol
jerárquico y, se suponía, mejor informadas. La materialización mítica de la figura del
periodista era el corresponsal, un señor descontextualizado al que se enviaba --con
notables costes-- a lugares apartados donde ocurrían sucesos que se juzgaban dignos
de ser relatados como noticias. La mejora de los sistemas de comunicación no han
mejorado ni cambiado la estructura de este sistema, sólo aumentado su inmediatez
hasta el límite: el periodista empotrado de la guerra de Iraq.
En la enredadera hipertextual las fuentes aparecen en cambio en forma hipertextual y
prácticamente en tiempo real, siendo aportadas por los propios protagonistas. Por eso
en la nueva estructura reticular de la información el centro del periodismo ya no está
en la redacción, en el paso de la información de hecho a noticia, que era lo que daba
sentido a la figura del periodista, sino en la selección de fuentes que están, de todas
formas, inmediata y directamente disponibles al lector. Esto es lo que hacen la mayor
parte de las bitácoras y, por definición, los press-clippings. Lo que aportan es la
selección de fuentes desde una mirada propia. E igual que ya no toca entender un
periódico como un "fabricante de noticias", la firma, la opinión, ya no se fundamenta
en la mejor información supuesta a una persona, ya que la red da a todo el mundo
acceso a las fuentes. Lo importante ahora es la interpretación y el análisis. Es decir, el
componente deliberativo que señala la aparición de una verdadera esfera pública
ciudadana no mediada industrialmente.
Se trata de un producto del proceso más característico del nacimiento de la sociedad
de redes distribuidas y la expansión de nuestra autonomía personal respecto a las
instituciones. Ganamos autonomía, por ejemplo, cuando podemos escribir en nuestra
propia bitácora y establecer con otros la relación de medio y de fuente, siendo parte
de ese periódico mural que hacemos todos por las mañanas con las pestañas de
nuestro navegador. Es decir, la red nos permite actuar socialmente a cierta escala sin
tener que contar con la mediación de instituciones externas, nos permite actuar de
hecho como "instituciones individuales" y en ese sentido ser mucho más libres, tener
más opciones.
En la práctica, la emergencia de una esfera informativa pluriárquica, que es lo que en
forma primitiva representan la blogsfera, los agregadores identitarios y los nuevos
press-clippings personales, supone un verdadero proceso de reorganización del poder
que tiende a una estructura de informacion distribuida.
Un nuevo ecosistema mediático que por su misma arquitectura asegura de modo más
robusto el acceso a la información. El 13-M, cuando los periódicos modificaron
titulares a petición del presidente del Gobierno, hubieron de enfrentarse a un
verdadero swarming. Al romper por tanto la división entre emisores y receptores, la
nueva estructura de la información acaba con el periodista como técnico
especializado, haciendo a cada uno periodista de su propio medio o, mejor dicho,
nodo del gran medio reticular y distribuido que sería la blogsfera como un todo.
No hay que llorar la perspectiva de la muerte del periodista como figura profesional
diferenciada ni que temer el fin de los media que hasta ahora monopolizaban la
representación de la realidad e instrumentalizaban la democracia. Bajo la blogsfera
actual late la potencialidad de una redistribución del poder informativo en la
ciudadanía donde ningún nodo sea imprescindible ni determinante, donde todos
seamos igualmente relevantes en potencia. Bajo los blogs late, por primera vez, la
pluriarquía como posibilidad social real.
Así como el software libre representa un nuevo tipo de bien público no estatal, la
blogsfera es un medio de comunicación distribuido, público y gratuito transnacional.
La primera esfera pública democrática real y prácticamente universal. Si los media y
sobre todo la televisión habían privatizado la vida pública y el debate político,
reduciendo el imaginario a un espectáculo totalitario producido industrialmente según
los mismos patrones de la producción de las cosas, la blogsfera representa el
comienzo de una verdadera reconquista de la información y el imaginario como
creaciones colectivas y desmercantilizadas.
Pero como manifestación en la esfera informativa del fin de la división y la
especialización propias de las redes descentralizadas, la blogsfera no sólo pondrá en
jaque a los media. Toda estructura de información lleva tras de sí una estructura de
poder. Los cambios en la estructura de la esfera informativa son jaques al sistema de
representación política. Si en la práctica la blogsfera erosiona la representación
mediática, ¿cómo iba a permanecer incólume la representación de los mediadores
políticos profesionales?
Al fin, bajo la emergencia de las redes distribuidas se dibuja una perspectiva social y
política: un mundo de fronteras difuminadas sin mediadores profesionalizados y
"necesarios", sin élites filtradoras "insustituibles". La blogsfera adelanta
características que lo serán de las nuevas formas de organización política
pluriárquica.
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