La semana pasada estuvimos hablando con Rez y unos colegas suyos sobre Inteligencia Artificial (IA), el
test de Turing y la posibilidad de que una máquina pueda aprender el lenguaje humano de las emociones para poder comunicarse con los humanos. El tema era el siguiente: una máquina no necesita emociones porque no tiene cuerpo, puede resolver la situación a partir de la lógica (en plan
Mr. Spock), pero si quiere poder entenderse con los humanos, que solemos mezclar la lógica con las emociones como buenos primates evolucionados que somos, igual ha de entender también este lenguaje mestizo para poder entenderse con nosotros.
Dándole vueltas al tema, me he acordado de un artículo que leí por algún sitio sobre el problema que para la IA suponía el juego chino del go frente a los éxitos que había conseguido
Deep Blue jugando al ajedrez. El ajedrez es un juego de origen indio, o sea, de raiz indoeuropea, con un tablero de 8x8 y donde cada pieza tiene una identidad concreta y un modo de actuación definido. Un caballo no se mueve como un alfil, aunque los dos se muevan sobre el mismo tablero, cada ficha tiene distintos privilegios sobre la geometría del tablero.
El
go es un antiguo juego chino que se juega sobre un tablero de 19x19, todas las fichas son iguales y se trata de rodear con las propias a las del contrario. Parece muy sencillo, pero no lo és. He jugado pocas veces al go (y siempre he perdido) pero casi diría que el punto del juego es que cada ficha que añades sobre el tablero modifica su geometría. El tablero sigue siendo el mismo, pero su densidad cambia. Si no recuerdo mal, puedes introducir una ficha en cualquier casilla, y es en torno a esa ficha donde empieza el acorralamiento. Las posibilidades de acción son mayores que en el ajedrez, no están tan estructuradas, y el valor no está en los privilegios de las diferentes piezas sino en la densidad de la geometría que vas construyendo con ellas.
Bueno, la IA ha conseguido éxitos con el ajedrez, pero ha tropezado con el go (
aquí lo explican). El caso es que el lenguaje de las emociones se parece más a las reglas del go que a las del ajedrez. El juego puede empezar en cualquier lugar y en cualquier momento, las estrategias son múltiples y no siempre están prefijadas, y la complejidad es mucho mayor. La verdad, creo que la complejidad del lenguaje de las emociones supera mil veces la complejidad del go. La cuestión es ¿podrá una maquina reproducir un lenguaje que tiene como condición la influencia de los humores variables de un cuerpo y una complejidad de variables muy superior al ajedrez?, y si lo consigue, ¿será un lenguaje propio o una traducción?, y en último término ¿és realmente necesario que lo consiga?