Hoy vienen en
menéame dos posts sobre el tema de la inteligencia que me han hecho pensar (sic!). Hace unos dias
hablaba del libro de Jeff Hawking "On Intelligence", donde plantea una teoría sobre el funcionamiento del neo-cortex con aplicaciones para la inteligencia computacional, y la impresión que me quedó (sin haber leído el libro) es que equipara inteligencia y capacidad predictiva a partir de haber construido los patrones adecuados de organización y contraste de datos sensoriales en el cerebro. Entender y preveer una situación a partir de estos patrones sería una señal de inteligencia.
Creo que esto existe y funciona así, pero igual no agota el tema. La inteligencia también puede ser capacidad de análisis de datos nuevos, de saber extraer rápidamente los datos importantes de entre los que no lo son tanto (la señal del ruido), de no perderse por vericuetos en el árbol de conclusiones y también (quizá sobre todo), de saber cuando descartar patrones de pensamiento consolidados cuando demuestran que ya no son efectivos. Pero hay algo que alimenta y refuerza continuamente la inteligencia (entendida así) y es que exista el placer de pensar, que esta actividad nativa de las neuronas produzca placer. Esto se nota, hay gente que cuando te explica una idea entiendes lo lejos que ha ido y el esfuerzo que le puede haber costado por la emoción con que te la explica. Se lo ha pasado bien, ha disfrutado. Este placer es la zanahoria que retroalimenta todo el proceso.
Pero la inteligencia también tiene riesgos. El primero, entender solo como inteligencia la que nuestra cultura (de origen griego y judío) ha privilegiado. Son culturas basadas en el lenguaje y en el libro (la Biblia), inteligencia de lector, que no siempre se lleva bien con la inteligencia del surfista sobre las olas (por poner
un ejemplo taoista) o con el juego en el medio campo (véase
Monty Phyton). El segundo es que ciertos usos de la inteligencia te pueden hacer difícil compartir el mundo. Un alumno inteligente puede perder motivación si la clase no llega a su nivel y no le estimula, o una diferencia demasiado grande entre contertulios puede hacer difícil llevar una conversación. Aquí entra el tema del post de Javi Moya, que se titula "
Porqué la gente inteligente tiende a ser infeliz". Es que si pierdes contacto con el mundo lo puedes tener más crudo en esto de la felicidad, pero a la vez, todos contactamos con los demás a partir de afinidades, y si los contactos que lanzas llevan una I mayúscula en la punta, igual no encuentras mucha gente dispuesta a jugar a eso. Moraleja: no convertir la I en una señal de identidad (un patrón que apenas funciona) y usar para eso el resto de las vocales, que funcionan muy bien. Copio un trozo de su post (que es una traducción):
La sociedad occidental no está preparada para albergar (ni dar alas) a niños y adultos inteligentes, de la misma manera que lo hace sobre atletas o figuras del deporte (especialmente en los más destacados). Si bien es cierto que algunas figuras excepcionalmente brillantes como Albert Einstein si han sido reconocidas, también lo es que tenemos a muchísima gente extremadamente inteligente trabajando en ocupaciones que están consideradas entre las peores, y muchas más en las que su vida personal es un completo desastre, tal y como se podría corroborar echando un vistazo a la lista de miembros de Mensa (el club de los más inteligentes del Planeta).
Una de dos, o la inteligencia puede ser una maldición social, o hay un nivel de inteligencia que te permite dosificarla socialmente, saber donde es adecuada y donde no, y no esperar que a todo el mundo le guste jugar a eso que a ti te pone a cien. Quitarle el prestigio adquirido (y esto es un tabú, y hay muchos tabues en este tema) agiliza el vocabulario de comunicación: todas las vocales y todas las consonantes. Nada ajeno. Sigue habiendo un riesgo, porque a veces no es fácil pasar de las mayúsculas a las minúsculas (y a veces no es facil creerse un mundo en minúsculas), pero pienso que la cosa va por ahí. Hay vida fuera de la inteligencia, lo cual no quiere decir que la inteligencia no sea muchas veces la especie adecuada para darle el punto exacto al menú de la vida, pero no siempre.
Bueno, pues el otro post de menéame tiene un título curioso: "
¿Por qué los geeks suelen ser ateos?" (y es uno de los posts más votados en Digg, 3.433 votos). El tema está bien explicado, y tiene su gracia, pero lo que me ha llamado la atención ha sido el párrafo en el que intenta explicar qué es un geek. Copio.
In order to attempt to formulate a theory on this topic, it becomes vital to define geek in the first place, not an easy task. So, we now ask the question, 'What is a Geek?'. There can be many kinds, Art Geeks, Music Geeks, Computer Geeks, Math Geeks, you name it. Geeks are the people you want to talk to when you need to know something but perhaps don't always want to invite to your parties. They are the people that collect information almost compulsively and nurture deep understandings of very obscure branches of knowledge. Geeks are people that live by their wits and believe in meritocracies and recognition not privilege or nepotism. They value our knowledge and appreciate those who can appreciate that and more importantly, add to it. They find great joy in learning a new thing, to extending our knowledge and sharing knowledge with another that can appreciate it. We are diverse, we are everywhere, we are different.
Me ha gustado la definición, y la verdad es que me reconozco. Nunca se me había ocurrido compartir ese nombre, pero si se trata de eso, yo también juego a eso. Solo tengo una objeción: yo quiero que también me inviten a las fiestas. Ahí es donde se acaba el tema de la "inteligencia", de las mayúsculas y de toda la pesca. Cambio de registro. La inteligencia también ha de servir para cambiar de registro, y el espacio vacío que se crea entre registro y registro, entre un post de esto y un post de lo otro, entre dandan aquí y dandan allá, es un cambio de línea sobre el mismo papel que permite seguir escribiendo. Y lo importante es seguir escribiendo, seguir cambiando.