Por algun lado he leido estos dias (a partir de los comentarios en
Slashdot al libro de Markoff) que en un momento dado había en Berkeley dos tendencias sobre el uso de la tecnología: una que pretendía utilizarla para expandir la conciencia y otra enfocada a sustituir la conciencia por la tecnología a partir de la Inteligencia Artificial(IA). Es algo que leí de pasada pero se me ha quedado en la cabeza y, maldita sea, no he conseguido volver a encontrar donde lo he leido.
Pero bueno, es una distinción interesante. Estas vacaciones de semana santa volví a coger un libro (a partir de unas conversaciones con
Rez sobre Inteligencia Artificial) que había dejado a medias hace tiempo, "
La nueva mente del emperador" de
Roger Penrose. Penrose es un matemático que se ha dedicado a la física (trabajó con Steven Hawking en Cambridge y tienen
trabajos juntos) y de ahí ha pasado a la relación entre la física, la física cuántica, y la conciencia, vaya, el tema de la física cuántica y el cerebro.
Lo que Penrose intenta demostrar es que la IA no puede sustituir a la conciencia puesto que el funcionamiento de ésta excede la lógica formal (que está en la base de los algoritmos), y lo intenta demostrar con varios argumentos que incluyen desde las máquinas de Turing, los conjuntos de Mandelbrot, el teorema de Gödel, hasta catas profundas en física cuántica. Penrose se opone a la hipótesis de la IA fuerte, que defiende que los procesos mentales tienen estructura de algoritmos y pueden ser reproducidos, por lo tanto, por un ordenador con capacidad suficiente como para emular el cerebro. Parece que, en último término (pero ahí todavía no he llegado), hace falta resolver ciertos problemas en física cuántica para cerrar la cadena de argumentos (añado un enlace a una noticia de
microsiervos sobre el tema)
Ahora se me ocurre que hace tiempo (creo que fue en un Pais Semanal) leí una entrevista con
Eudald Carbonell, el director de las excavaciones de Atapuerca, en donde decía que veia el futuro de la evolución humana, a nivel biológico, como una convergencia con la tecnología, algo así como implantes tecnológicos en plan cyborg (y es el titular que veo ahora en su página personal). Me llamó la atención viniendo de alguien que se dedica a estudiar yacimientos arqueológicos, pero después pensé que lo que hace la arqueología muchas veces es clasificar el grado de desarrollo de los restos encontrados a partir de las herramientas que encuentran alrededor, a partir de la tecnología que usaban, y es esta tecnología lo que muchas veces los define como humanos.
Bueno, pues sobre aquellas dos tendencias en Berkeley, parece que la tecnología siempre ha servido para expandir nuestras capacidades, e incluso para hacernos humanos, pero todavía no está tan claro que la tecnología nos pueda substituir. Lo curioso es que somos nosotros mismos los que estamos trabajando en la posibilidad de que nos substituya.