Hay frases que funcionan como detonadores y provocan una erupción de ideas que se empujan unas a otras para abrirse paso hacia el escenario en que son visibles, todas corriendo a la vez del disco duro a la pantalla. Esta mañana, a última hora, estaba leyendo en El Pais un artículo titulado
El siglo del cerebro, un "estado de la cuestión" con entrevistas a diversos investigadores, y me he tropezado con la siguiente frase "Curiosamente, la física cuántica postula que existen infinidad de realidades, y la intervención de un observador hace que una de ellas se materialice convirtiéndose en la realidad".
No sé si esto es realmente así, no conozco tanto el tema y a veces los periodistas simplifican (y en todo caso, el contexto es el de la investigación en neurociencia, no en física cuántica), pero la idea me ha parecido una derivación del
principio de indeterminación de Heisenberg, en el sentido general que se le da a este principio: que la presencia de un observador modifica las condiciones en que se desarrolla lo observado, y en concreto, que para medir la posición y la velocidad de un electrón primero es necesario verlo, y para verlo es necesario que un fotón de luz choque con el electrón y, al hacerlo, modifica su posición y su velocidad (
wikipedia dixit), introduciendo un error en las condiciones iniciales que provoca indeterminación en la medida.
Me da la impresión de que lo que hay detrás de este principio es la idea de que los electrones siguen un rumbo y una velocidad precisos mientras se mantienen ocultos, pero estas variables ya no son recuperables tal cual en el momento en que entran en situación de ser observados, la observación presupone una interacción que las modifica. La idea quizá supone que esta interacción es ajena a la trayectoria inicial, es decir, que esta trayectoria no esté a su vez determinada por anteriores interacciones de otro tipo, aunque el autor de la entrada de la Wikipedia tiene el cuidado de advertir que "el principio de incertidumbre es inherente al universo". Si la trayectoria y la velocidad del electrón ya ha estado sujeta a otras interacciones antes de llegar al observador, la modificación que supone éste no distorsiona ningún rumbo autista, sino que se suma a las condiciones en las que se desarrollan tanto la velocidad como la trayectoria, y esto empieza a parecerse mucho a la estructura de los sistemas complejos. La indeterminación, en este caso, procede de los presupuestos implícitos en el sistema de medidas que se intenta utilizar: medir unas variables en ausencia de la interacción que supone el hecho mismo de medirlas, descolgar esta interacción de la suma que se intenta medir, distanciarse de lo que es inherente al universo.
Pero bueno, a lo que iba. Lo primero que se me ha venido a la cabeza después de leer la frase de El Pais es una conversación que tuve con un amigo alemán, Franz, una tarde de verano en la parte de atrás de su camioneta. Habíamos estado aquella tarde en el templo tibetano de Boulder (Colorado, USA), la conversación vino a parar al tema de la realidad, y Franz defendía que la realidad no existe. Franz era un entusiasta de la psicodelia (y un fan total de los Grateful Dead), y la psicodelia te proporciona otras realidades y te relativiza la realidad común de la que partes. Yo le decía que la realidad, al final, es lo que compartes con los otros. Puedes tener acceso a todas las realidades que quieras, y que esa abundancia te desacredite el concepto, pero a la hora de comprar el pan necesitas a la panadera delante. Si no hay panadera no hay pan, y si no hay pan el estómago cruje, así que mejor elijas la realidad en que hay panadera. Me he acordado muchas veces de esta conversación (no es un tema del que discuta a menudo), y hoy ha vuelto a saltar con este artículo sobre el cerebro.
La idea que salió en aquella conversación, que la realidad acaba siendo lo que compartes con los otros, me la encontré bien explicada en un libro que leí años después (en los cursos de doctorado de filosofía), "
La construcción social de la realidad" de Berger y Luckmann. Es el punto de vista sociológico. Y el problema de la distorsión que puede provocar el observador también he visto que se plantea en el ámbito de la etnografía, y de nuevo se intenta corregir esta distorsión en busca de la situación "objetiva" de la cultura observada, medir la cultura que es medida por un medidor haciendo ver que el medidor no existe, que su presencia no altera lo que se pretende conocer. Él está allí para conocer algo que pretende que sería igual si él no estuviera allí, un fantasma. Un investigador disfrazado de fantasma al que todos los niños señalan con el dedo. Evidentemente, él está ahí.
Ufff! ya estoy cansado, si me da la marcha ya continuaré otro dia. Lo que quiero decir es que, entre todas las realidades posibles, no hay una que se convierta en real por la presencia de un observador, sino por la presencia de un actor. De alguien que actúa dentro de ella. Estamos interconectados y no vale lo de "se mira pero no se toca". Si estás, estás, e influyes en lo que hay alrededor, sea para conocerlo o sea para jugar al billar. Apago la pantalla pero sigue el trajín en el disco duro.
Una realidad a nuestra medida
Fernando J. Mansilla | 01/04/2006, 09:23