nihil alienum

viajes all around the U.S.A_ 2

dandan | 01 Septiembre, 2008 03:46 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net technorati.com

Ayer antiheroe dejó un comentario en el post de viajes all around the U.S.A, y decía que se quedó con ganas de leer más, así que voy a seguir con el tema y contar la segunda parte. Volví a Nueva York el día de navidad de 1981, y fui directo del aeropuerto a una fiesta en casa de unos amigos de Montse, una amiga que llegó conmigo el año anterior y que ahora vivía allí. Comí un poco de turrón y bebí un poco de cava (spanish party) pero entre el cansancio del viaje y unos petas demoledores que rodaban por ahí, me quede frito en un sofá hasta la mañana siguiente. New York, New York! disfuté los días que pasé allí. Montse vivía en un piso todo pintado de amarillo, por el Upper West Side, que habíamos ido a ver juntos el año anterior, y en el barrio podía hacer la compra en español (siempre que no pidiera cacahuete en lugar de maní). Montse conocía bien a la colonia de españoles en N.Y. e íbamos de un lado a otro viendo a éste y a aquél en medio de ese ritmo frenético que siempre me ha fascinado y ha terminado por agotarme.

Al cabo de unos días decidí que ya era hora de volver a las montañas y cogí un Greyhound rumbo a Colorado. Los viajes en bus a través de las llanuras del Medio Oeste son fascinantes, sobre todo de noche. El viaje duraba algo más de un día, y tenía una monotonía hipnótica. De día se sucedían los campos de maiz, las granjas y las gasolineras, y de noche te ibas cruzando con las luces de enormes camiones transcontinentales que parecían naves espaciales. Al final llegué a Colorado Springs y bajó Bill a buscarme, y en el coche conocí a Lasso y a su novia italiana.

Lasso y su novia habían llegado a Stillpoint a caballo desde Wisconsin. Se habían conocido en Italia, y estaban cruzando los U.S.A con unos caballos que habían comprado en una granja cerca de Madison y que no habían tenido tiempo de domar del todo. El caballo de Lasso se llamaba Kalahari, y es el único caballo que he montado nunca. A los pocos días de llegar yo, la novia de Lasso decidió seguir el viaje y Lasso, después de pensárselo unos días, se quedó en Stillpoint a pasar el invierno. Fue un buen invierno.

A las pocas semanas llegó Lisa desde Alemania. Cuando llegó no se encontraba muy bien, al día siguiente cayó enferma y, en lugar de ocupar una de las cabañas, dormía en el trailer y pasaba todo el día allí en el saco. Yo cada tarde salía a pasear por las montañas que rodeaban Stillpoint y, antes de salir, me abrigaba bien en el trailer y me colocaba alrededor de la garganta un enorme pañuelo de seda roja que mi padre había comprado en Adén. Lisa después me contó que me observaba cada día mientras me colocaba el pañuelo. Una noche de fiesta en el trailer Lisa y yo nos abrazamos, y al poco vino Lasso y nos abrazamos los tres.

Pasamos allí el invierno. Yo vivía en la cabaña que había construido Gerard dos años antes en lo alto de una colina. Tenía ventanas al este y al sur, y una puerta corredera que daba al oeste. Cada noche, antes de dormir, veía la silueta del Pikes Peak y las luces de Colorado Springs a lo lejos. Por la mañana bajaba el sendero hasta el trailer, a veces con nieve hasta las rodillas, y cuando subía por la noche a veces me encontraba rebaños de ciervos que no se asustaban al verme y podía pasar a través suyo, o familias de pavos con la madre en cabeza que paseaban en fila por el bosque. Lasso eligió construir su cabaña al lado del arroyo, no lejos de la carretera, y Lisa se instaló en una cabaña libre que estaba en el camino del bosque.

Cuando llegó el verano, Lasso y yo nos fuimos a Wisconsin en el coche de un tío que pasó por Stillpoint con dirección este. Hablaba un slang tan cerrado que yo casi no lo entendía y me pasé el viaje dormitando en el asiento de atrás. Llegamos a La Crosse, a orillas del Mississippi, donde Lasso tenía varios amigos, y alquilamos una habitación en una casa que parecía un almacén, grande y confortable. Tuvimos que ir a buscar un colchón a casa de una amiga suya, y me acuerdo que allí escuché por primera vez una canción genial de los Talking Heads, "Heaven", mientras fumábamos petas sentados en un balcón. Otro día fuimos en piragua a inspeccionar la plantación que otro amigo tenía en una de las islas del río. Medían más de dos metros y estaban camufladas entre las plantas que crecían por allí. A la vuelta Lasso se desnudó, y la imagen de Lasso remando desnudo delante mio sigue ocupando un puesto de honor en mi galería particular.

Pero, después de estar viviendo casi dos años en las montañas de Colorado, no me conseguí adaptar a la vida en La Crosse y decidí volver. Lié el petate y saqué el pulgar hacia el oeste. Los primeros que me cogieron fueron una pareja que debían haber pasado una noche estupenda, porque él llevaba un espectacular collar de moratones que apenas se tapaba con un pañuelo. Nos divertimos mucho. Esta vez fui por la interestatal 80, através de Des Moines, Omaha y Cheyenne, y por las noches sacaba el saco y dormía debajo de los puentes de la autopista. Había puentes que tenían un alero en donde se podía dormir, y había otros que no. Si con el primero tenías mala suerte era cuestión de caminar un poco más. Una de aquellas noches me recogió un educado caballero que me invitó a dormir en su casa. Llovía y acepté la invitación.

Cuando volví a Stillpoint el ambiente estaba un poco raro y duré poco. Metí en una caja grande todo lo que tenía, y cogí un Greyhound hacia Nueva York que tenía trasbordo en Chicago. Cuando llegué de noche a Chicago seguía dudando si seguir hasta Nueva York o coger billete para La Crosse. Le había dicho a Lasso que volvería. Al final seguí hasta Nueva York y allí cogí un avión a Barcelona. Cuando llegué a El Prat me compré un paquete de Ducados y casi me muero con la primera calada. Bueno, estaba en casa.
 
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