nihil alienum

el principio del Daodejing y el lenguaje

dandan | 06 Enero, 2008 15:53 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net technorati.com

En cuanto empezamos a escribir nos interrumpimos, levantamos el bolígrafo o golpeamos al espaciador del teclado para dejar un pequeño margen vacío en el papel antes de iniciar la palabra siguiente, que solo cobrará sentido si le precede ese espacio insignificante que le separa de la precedente y luego de la posterior en el orden horizontal de nuestras lenguas. Escribimos palabras que cobran sentido porque están separadas, y es el margen que existe entre ellas el que las hace útiles.

La página que cruzamos de izquierda a derecha contiene ahora nuestras palabras, las sostiene y las separa, y el desarrollo de la prosa la va ocupando de uno a otro extremo línea tras línea. La claridad del significado necesita una cierta geometría gramatical en la que asentarse, un dibujo neutro en el que las palabras acojan a las ideas en paracaídas, vestidas de blanco, ideas claras y distintas que tienen validez más allá del texto que las acoge y que va cubriendo, a instancia suya, la piel del tambor.

A diferencia de la prosa, la poesía interrumpe la línea casi tan a menudo como interrumpe la palabra, y deja al descubierto el espacio de la página contra el que golpean las últimas palabras de cada verso, marcando una pausa en la que resuena un blanco silencio virtuoso. Curiosamente, el significado entonces pierde independencia con respecto a la disposición de las palabras y cualquier modificación del texto o cualquier traducción supone una dislocación del sentido que hay que volver a recomponer.

La misma página de papel sobre la que escribimos puede servir también para garabatear monigotes mientras hablamos por teléfono o dibujos más  premeditados con el mismo bolígrafo o con carboncillo. El trayecto que hace la palabra hacia el papel en el poema se consuma en la imagen dibujada que ya no puede ser más que aquello mismo que el papel ofrece, enterrado allí en un silencio virtuoso y puede que multicolor.

La cultura china, que inventó el papel, relaciona a menudo entre si las tres artes del pincel, caligrafía, poesía y pintura, y es tradicional que en una de las esquinas de las pinturas aparezca, en la misma dimensión plana que el resto de la obra, un poema más o menos breve junto al sello del artista.


El Daodejing es un libro de poemas cuyo autor levanta enseguida el pincel para señalarnos el espacio vacío que las palabras pretenden tatuar, y nos advierte de entrada que las palabras no son tatuajes, no queman la piel sino que se deslizan sobre ella. El poeta que escribe convoca hacia el texto bajo la forma de negación aquello que no está escrito, que no es materia de escritura, y lo hace co-protagonista. Copio el primer capítulo en la traducción de Gia Fu Feng.

The Tao that can be told is not the eternal Tao;
The name that can be named is not the eternal name.
The nameless is the beginning of heaven and earth.
The named is the mother of ten thousand things.
Ever desireless, one can see the mystery.
Ever desiring, one can see the manifestations.
These two spring from the same source but differ in name;
this appears as darkness.
Darkness within darkness.
The gate to all mystery.


De hecho, la primera línea del Daodejing puede parecer una curiosa tautología, y una crítica. Si Confucio al decir "que el señor sea señor" (jun jun) en el Lun Yu (XII-11) pretendía ceñir el valor verbal del segundo jun al valor nominal del primero y adecuar la acción al rango, aquí el mensaje es que si el primer dao, con valor nominal, puede (ke) actuar como segundo dao, con valor verbal, no es (fei) ya un dao constante, fijo (changdao), pues evidentemente es un dao en acción, de manera que, y aquí emerge la crítica a Confucio, si el rango ha de entrar en acción, pierde su valor de referencia constante y se desmorona la arquitectura jerárquica que propicia la corrección de los nombres.

Zhang Longxi sirve este fragmento como "the dao that can be dao-ed", a medio cocer, de manera que todavía sea visible la pura diferencia verbal entre los dos dao. De hecho el texto está jugando aquí con lo que parece un carácter fundamental de la lengua china, si todo nombre también puede ser verbo no busques lo constante en las palabras, o lo que es lo mismo, si el nombre empieza a funcionar como tal nombre y se aplica, empieza a nombrar, ya no es un nombre constante.

Puesto que, si he entendido bien, el caráter nominal o el carácter verbal de una palabra se activan en función del contexto, todo nombre es susceptible de ser aplicado y por lo tanto la búsqueda de un dao constante ha de abandonar el ámbito de las palabras bifrontes y retroceder unos pasos hasta caer en ..., pocas palabras caben aquí y todas negativas, "l'absència de nom" (Sean Golden) no deja ningún resquicio positivo que el lenguaje pudiera reivindicar, se nombra la carencia o, siguiendo el juego literario anterior, la página en blanco.

El origen es ausencia, el singular aquí parece apropiado, y "el nom és la mare de les coses". Tras introducir al co-protagonista bajo la especie de sombra, reaparece el nombre con un sentido positivo, como madre del plural. Los dos primeros versos, de sentido negativo, sirven para desbrozar el camino al tercero, ya afirmativo: "L'absència de nom és l'origen del tot". Una vez esto ha quedado claro, puede volver el nombre a ocupar su lugar correcto, como madre de las cosas.

Si el problema reside el el carácter bifronte, y concretamente verbal de los nombres, cobra más sentido que los dos versos siguientes se refieran no ya a cuestiones gramaticales sino al ámbito de la acción. Hay un paralelismo muy indicativo en la traducción de Gia Fu Feng entre el "the nameless is the beginning of Heaven and Earth" del tercer verso y el "Ever desireless, one can see the mystery" del quinto. A la ausencia de nombre se accede por la ausencia de acción. Como en el esquema confuciano, la acción está ligada a los nombres, al márgen preciso que marca la movilidad del rango. Cuando desaparece el objeto desaparece la búsqueda, pero permanece abierto el acceso. El misterio es accesible, aunque el tesoro no esté definitivamente en el mapa.

No sé si el principio del Daodejing puede entenderse a partir de una tautología, pero es evidente que encierra una majestuosa pirueta que relativiza el valor de las palabras, esas palabras que justo está empezando a utilizar. La aguja, que en este caso señala al sur, marca la búsqueda de un dao constante, y la advertencia es que este dao constante no se encuentra ni en el lenguaje ni a través suyo, deshaciendo el esquema de nombre-correcto-seguido-de-la-acción-correcta marcado por Confucio. Pero esta advertencia es solo parte del mensaje, porque lo que se establece entre los versos tercero y sexto es también una distinción entre lo que es posible nombrar y lo que no, y entre lo que es posible buscar y lo que no, una distinción que establece una enigmática frontera en el primer capítulo de este libro escrito en una oficina de aduanas de los confines del imperio.

 

Bueno, lo de arriba es un fragmento de un comentario al Daodejing que hice hace unos años, cuando estudiaba pensamiento chino con Sean Golden en la UAB. El texto completo está en Albums (aquí a la derecha), pero hoy lo he vuelto a leer por una carambola curiosa y he decidido sacar este trozo a pasear. La carambola se llama Spencer-Brown (tengo que escribir un post sobre él), y lo he encontrado a través de Luhmann. Un viaje pintoresco de aquí para allá.

 
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